Trato de correr cada día cuando estoy en Madrid. Por lo menos corro cinco kilómetros, pero si tengo el tiempo, prefiero correr más de nueve o diez. Mantengo un ritmo lento, concentrando en mi forma y la distancia en vez del tiempo. Dos veces cada semana trato de correr más que he corrido anteriormente. Cuando era un estudiante de colegio fui en el equipo de correr y mi carrera favorita fue los cuatrocientos metros. Es decir que me gustaban las carreras de velocidad más que las carreras de larga distancia. No sé por qué, pero cuando me trasladé a Madrid, tuve un deseo intenso de correr. Quizás es porque para mi la mejor manera de conocer una ciudad es de atravesarla, y no hay una manera más eficiente de atravesar una ciudad que correr. Hace unas semanas compré De qué hablo cuando hablo de correr, un ensayo por el escritor japonés, Haruki Murakami. Me da mucha inspiración este libro, y estoy de acuerdo con él que el acto de correr puede influir su propia manera de pensar o escribir, que puede abrir el mundo para una persona y permitirle indagarlo con un nuevo perspectivo. Me encanta leer Haruki Murakami en español. El hecho que todavía puedo sentir su capacidad de presentar una historia que relata con la condición humana y como pertenece a la modernidad, a nuestro tiempo, me da un sentimiento casi eufórica. Aunque hay cosas que son completamente intraducibles entre japonés e inglés, japonés y español, o inglés y español, ciertos elementos de una obra de ficción superan esta barrera y su profundidad puede ser entendido en cualquier idioma. Pienso que la sensibilidad de Murakmai y el acto de correr son entidades muy parecidas con respeto de su capacidad de ser entendido en un nivel universal. Esto no es decir que los dos son parte de una lengua universal porque esto sería una banalización muy grande. La noción de una lengua universal es para mi un mito, una reducción de algo más grande y más difícil de entender. Es decir que correr y las técnicas que mezclan la fantasía con la realidad que aparecen en la ficción de Murakami existen fuera de las construcciones de lengua. Cuando estoy corriendo siento como mis piernas mueven, como respiro, como miro al mis alrededores. La ficción como correr puede ser una portal que nos permite entrar un mundo maravilloso sin lengua, puede dar nuestros cerebros la capacidad de comprender lo que significa ser humano. Yo sé que esto suena como metafísica mierda que es tan pretencioso como sentimental, pero para mí es algo importante que aprendí corriendo en el parque Retiro porque ahora los idiomas están dominando mi vida. Es una manera de escapar el solipsismo que influye cada de mis pensamientos. Cuando hablamos de correr hablamos sobre algo que transciende el ego, y hace esto a través un rechazo de la lengua que usamos para construir nuestras percepciones básicas. De correr es algo puro que nos permite ver la naturaleza y nuestra realidad en una manera clara. Murakmai hace esto en su ficción a través del realismo mágico que ilustra nuestras interpretaciones del mundo están basados en nuestra arrogancia, nuestra incapacidad de aceptar el hecho que hay grandes misterios sobre nuestra existencia. Opino que leer los libros de Murakmai y correr nos invitan pensar en la posibilidad de comunicación completamente sin lenguaje que para mi es algo como tomar una bebida refresco después de correr quince kilómetros.